Érase una vez un niño llamado Tom. Él quería ser astronauta de mayor, pero su padre quería que fuese pastor como él.
Un día al mes Tom sacaba a pasear a las ovejas. Las llevaba a un sitio precioso, un lago. En el lago solía haber cisnes y un botecito para atravesarlo. Alrededor del lago había una bonita pradera de hierba suave y varios manzanos. Tom solía tumbarse en la pradera, mientras las ovejas pastaban.
Ese día Tom se encaminaba hacia el lago, como todos los meses. Se tumbó en la pradera y soltó a las ovejas. Como había dormido poco, a Tom se le entrecerraban los ojos y antes de dormirse por completo echó una ojeada a la luna, que estaba llena.
A la noche soñó que era astronauta en la NASA y que subía a un cohete a cuadros y se sumergía en el inmenso espacio, negro como la noche. También soñó que su cohete orbitaba alrededor de la luna.
En su sueño él alunizaba en una cápsula y daba los primeros pasos del hombre sobre la luna.
Entonces despertó y pensó que había sido el sueño más bonito que había tenido nunca.
Cuando despertó aún era de noche, pero debía volver a casa ya, porque su padre le estaba llamando.
Antes de irse se dió la vuelta y miró hacia el cielo y le pareció que la luna le guiñaba el ojo.
FIN
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